Y mis deseos fueron concedidos

Y mis deseos fueron concedidos

Con esta foto comparto uno de estos días en los que el darse cuenta se presenta. Ella con su presencia me sienta, dejándome con la boca abierta y el corazón derretido como los helados en verano. Seguro que os suena esta manera tan suya que tiene de hacer acto de presencia la Conciencia.

Ya sabéis cómo habla el darse cuenta, su discurso siempre es claro, honesto y sin rodeos salvo los que yo quiera dar. Ella me trajo ciertas escenas de mi historia mostrándome una lista de príncipes azules en la que por estas cosas de las «causalidades» todos ellos me habían subido a un lindo pedestal. Y sonriente me susurraba «tus deseos fueron concedidos»…

Hace algún tiempo, ese que se crea a través de la queja y el dedo acusador, yo iba insistiendo a todo el que se me acercaba en relación: «Bájame del pedestal, que yo no te he pedí que me pusieras allí». Y la Vida junto a la Conciencia como el arrullo de las olas del mar cuando rompen y suaves llegan a la orilla musitaban: «tus deseos fueron concedidos».

Es lo que trae el Sí Quiero y el gusto por la Verdad como compañeros de camino que en estos tiempos de impuestos deje de evadir y me haga responsable de «mi verdad». ¿Acaso no era yo la que quería esa clase de amor? ¿Acaso de nuevo cada mensajero no me traía el plato pedido en la carta? De nuevo escuché el mensaje … «tus deseos fueron concedidos»…

Tal carencia creí contener que a cada uno de ellos solicité que me necesitaran y me vieran así, subida en el pedestal, al que yo me subí, una y otra vez. Cada escalón para acceder a tal estrado estaba hecho de mi creencia en esa clase de amor hipotecado, el de los contratos subconscientes, el de intercambio de intereses. Dejo de usarte una vez más para culparte por mis deseos de mantenerme ahí arriba en el madero. Tu decepción al bajarme sólo era la mía. De nuevo esa voz… «tus deseos fueron concedidos».

Así que si eres de los que por causalidades de la vida te has encontrado con personas que te suben a un pedestal quizás puedas revisar tus deseos, la clase de amor en la que crees, quién te sube al pedestal y quién desea profundamente quedarse allí… quizás y sólo quizás te encuentres con alguien muy querido y conocido, alguien que cansado de mantenerse tan arriba sigue deseando peldaños que lo suban más alto aún.

Y desde el arrullo del Darse cuenta y la Verdad supe que para llegar a Dios no son necesario pedestales, que caminar por esta tierra está llena de bondades, que los milagros se dan con cada respiración, que los desnudos más bellos son aquellos que muestran sin defensas la vulnerabilidad y que el amor que deseo nada tiene que ver con la particularidad.

No más pedestales, sólo el encuentro en esa bella y desarmada desnudez. El darse cuenta es lo que tiene, te sienta, te deja con la boca abierta y te derrite el corazón como los helados en verano.

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